Memorias de dolor infantil

La exposición de los niños a procedimientos médicos dolorosos es un hecho frecuente. Como frecuente es comprobar en la clínica el papel de la memoria en la predisposición a anticipar e incrementar las experiencias posteriores de dolor.

 

Los niños que han sufrido experiencias de dolor en relación con diferentes tipos de procedimientos médicos, graban en su memoria el procesamiento de dicho dolor, y en etapas posteriores de sus vidas accederán a dicha información para elaborar sus percepciones de dolor.

Aunque los ejemplos en la práctica clínica con niños son frecuentes, la evidencia científica al respecto no es abundante. En esta entrada os presento 2 artículos que considero representativos, al cubrir diferentes franjas de edad, procedimientos dolorosos clínicos y experimentales, y pertenecer a diferentes tipos de estudio.

El primer artículo es un estudio de Anna Taddio et al. 1995 acerca del dolor durante la vacunación en niños previamente circuncidados, una intervención que Howard & Weitzman 1994 previamente habían demostrado que genera un dolor intenso y persistente en niños recién nacidos. Porque la ciencia debe demostrar cosas como que una sección en el prepucio provoca dolor al bebé víctima del procedimiento, por supuesto.

Taddio comprobó un incremento de la respuesta conductual durante la vacunación rutinaria a los 4-6 meses de edad en niños que habían sido circuncidados al nacimiento sin anestesia. Los resultados sugieren que los infantes estructuran una memoria de una experiencia dolorosa anterior que puede modificar su respuesta a los estímulos dolorosos subsecuentes, probablemente como resultado de una sensibilización central.

El segundo artículo, “The influence of children’s pain memories on subsequent pain experience“, recientemente publicado, es un estudio en el que se aplicó experimentalmente un estímulo doloroso a 120 niños de entre 8 y 12 años, midiendo su valoración subjetiva, para posteriormente (a las 2 semanas) valorar mediante encuesta el recuerdo y expectativas de dolor. Al mes se volvió a aplicar el estímulo doloroso y la valoración por parte de los chavales.

Los resultados mostraron que el recuerdo, la memoria de la experiencia de dolor, era un factor de predicción de la subsiguiente valoración de dolor, incluso más fiable que la valoración inicial de la experiencia de dolor. Los niños con un recuerdo especialmente negativo de dolor, mostraron puntuaciones más altas de dolor en valoraciones posteriores, demostrando la influencia de las memorias de dolor en las expectativas y posteriores valoraciones de dolor en los niños.

Howard, C.R., Howard, F.M. & Weitzman, M.L. 1994, “Acetaminophen analgesia in neonatal circumcision: the effect on pain”, Pediatrics, vol. 93, no. 4, pp. 641-646.
 López C. “Cuentos analgésicos. Herramientas para una saludable percepción de dolor” Zérapi (2011).
Melanie Noel, Christine T. Chambers, Patrick J. McGrath, Raymond M. Klein, Sherry H. Stewart  “The influence of children’s pain memories on subsequent pain experience” Pain 1 August 2012 (volume 153 issue 8 Pages 1563-1572 DOI: 10.1016/j.pain.2012.02.020)
Taddio, A., Goldbach, M., Ipp, M., Stevens, B. & Koren, G. 1995, “Effect of neonatal circumcision on pain responses during vaccination in boys”, Lancet, vol. 345, no. 8945, pp. 291-292.
Taddio, A., Katz, J., Ilersich, A.L. & Koren, G. 1997, “Effect of neonatal circumcision on pain response during subsequent routine vaccination”, Lancet, vol. 349, no. 9052, pp. 599-603.
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Dolor Lumbar Crónico – Aproximación basada en la clasificación de O’Sullivan

El dolor musculoesquelético crónico está alcanzando magnitudes epidémicas en los países industrializados. Estudios epidemiológicos muestran como un 12% de la población española presenta dolor crónico, con una duración entre 6 y 14 años (Catala, Reig et al. 2002; Breivik, Collett et al. 2006; Reid, Harker et al. 2011).

Estos estudios han puesto de manifiesto que aunque en España  la mayoría de los pacientes recibe tratamiento, frecuentemente refieren que el tratamiento que reciben no tiene ningún efecto. De hecho, un 60% de los pacientes está insatisfecho o muy insatisfecho con el tratamiento que reciben. Como puso de manifiesto el estudio ITACA, realizado en 100 unidades del dolor en España, el motivo de consulta más frecuente lo constituye el dolor crónico musculoesquelético, alcanzando el dolor lumbar crónico más del 50% de todas las consultas (Casals and Samper 2004).

El dolor crónico es un problema social también por los elevados costes económicos y sociales que conlleva, como la elevada utilización de servicios médico-sanitarios, gastos en tratamientos farmacológicos y procedimientos invasivos, pérdidas de horas de trabajo y costes asociados a indemnizaciones. En Europa los datos publicados en el 2009 sobre  la repercusión laboral del dolor nos informan de que el dolor musculoesquelético es responsable del 49% del absentismo laboral, el 60% de la incapacidad laboral permanente y que los costes derivados ascienden a 240 billones (billón americano, 1000 millones; gracias por el apunte) de euros (Bevan, Quadrello et al. 2009).

Las aproximaciones terapéuticas que sólo contemplan el dolor desde una perspectiva mecanicista han mostrado fracasar en el manejo del lumbar crónico. Distintos estudios han mostrado que a pesar del incremento exponencial en el gasto sanitario la prevalencia del dolor lumbar ha seguido aumentando (Deyo, Mirza et al. 2009; Martin, Turner et al. 2009)

La evidencia clínica actual subraya la importancia de identificar subgrupos de pacientes con dolor lumbar así como aplicar estrategias de tratamiento basadas en la situación clínica del paciente (Waddell 2005). Ha habido muchos intentos de subclasificación, pero muchas de esas clasificaciones del dolor lumbar dependen más del especialista que consulta el paciente que de su situación clínica (Cherkin, Deyo et al. 1994).

Cada día se cuenta con una mayor evidencia de que en el dolor lumbar crónico están implicados tanto aspectos psicosociales (Linton 2000) como la alteración de los patrones motores (Dankaerts and O’Sullivan 2011).

Este curso, organizado por la SEFID, esta dirigido a la aplicación de la clasificación de O’Sullivan en el tratamiento del dolor lumbar crónico (O’Sullivan 2005; Dankaerts, O’Sullivan et al. 2006; Dankaerts, O’Sullivan et al. 2007; Dankaerts, O’Sullivan et al. 2009; Dankaerts and O’Sullivan 2011). Esta clasificación integra aspectos cognitivos y funcionales y se apoya en un tratamiento especifico de los distintos patrones disfuncionales que se pueden observar en pacientes con dolor lumbar crónico.

El diagnóstico y tratamiento se fundamenta en el aprendizaje del paciente de estrategias motoras funcionales y cognitivo-conductuales. En este curso se analizará la evidencia terapéutica de esta aproximación y cómo se realiza el trabajo práctico con pacientes.

  1. Bevan, S., T. Quadrello, et al. (2009). Fit For Work? Musculoskeletal Disorders in the European Workforce. London, The Work Foundation.
  2. Breivik, H., B. Collett, et al. (2006). “Survey of chronic pain in Europe: prevalence, impact on daily life, and treatment.” Eur J Pain 10(4): 287-333.
  3. Casals, M. and D. Samper (2004). “Epidemiología, prevalencia y calidad de vida del dolor crónico no oncológico. Estudio ITACA.” Rev. Soc. Esp. Dolor 11: 260-269.
  4. Catala, E., E. Reig, et al. (2002). “Prevalence of pain in the Spanish population: telephone survey in 5000 homes.” Eur J Pain 6(2): 133-140.
  5. Cherkin, D. C., R. A. Deyo, et al. (1994). “Physician variation in diagnostic testing for low back pain. Who you see is what you get.” Arthritis Rheum 37(1): 15-22.
  6. Dankaerts, W. and P. O’Sullivan (2011). “The validity of O’Sullivan’s classification system (CS) for a sub-group of NS-CLBP with motor control impairment (MCI): overview of a series of studies and review of the literature.” Man Ther 16(1): 9-14.
  7. Dankaerts, W., P. O’Sullivan, et al. (2009). “Discriminating healthy controls and two clinical subgroups of nonspecific chronic low back pain patients using trunk muscle activation and lumbosacral kinematics of postures and movements: a statistical classification model.” Spine (Phila Pa 1976) 34(15): 1610-1618.
  8. Dankaerts, W., P. B. O’Sullivan, et al. (2007). “The use of a mechanism-based classification system to evaluate and direct management of a patient with non-specific chronic low back pain and motor control impairment–a case report.” Man Ther 12(2): 181-191.
  9. Dankaerts, W., P. B. O’Sullivan, et al. (2006). “The inter-examiner reliability of a classification method for   non-specific chronic low back pain patients with motor control impairment.” Man Ther 11(1): 28-39.
  10. Deyo, R. A., S. K. Mirza, et al. (2009). “Overtreating chronic back pain: time to back off?” J Am Board Fam Med 22(1): 62-68.
  11. Linton, S. J. (2000). “A review of psychological risk factors in back and neck pain.” Spine 25(9): 1148-1156.
  12. Martin, B. I., J. A. Turner, et al. (2009). “Trends in health care expenditures, utilization, and health status among US adults with spine problems, 1997-2006.” Spine (Phila Pa 1976) 34(19): 2077-2084.
  13. O’Sullivan, P. (2005). “Diagnosis and classification of chronic low back pain disorders: maladaptive movement and motor control impairments as underlying mechanism.” Man Ther 10(4): 242-255.
  14. Reid, K. J., J. Harker, et al. (2011). “Epidemiology of chronic non-cancer pain in Europe: narrative review of prevalence, pain treatments and pain impact.” Curr Med Res Opin 27(2): 449-462.
  15. Waddell, G. (2005). “Subgroups within “nonspecific” low back pain.” J Rheumatol 32(3): 395-396.

Acerca del profesor del curso:

Wim Dankaerts es profesor de fisioterapia musculoesquelética en la Universidad de Lovaina, Bélgica. También trabaja como fisioterapeuta especializado en el sistema musculoesquelético a tiempo parcial en Tienen (Bélgica).

Se graduó como fisioterapeuta de la Universidad de Lovaina (1990) y obtuvo su diploma de postgrado en Fisioterapia Manipulativa en la Universidad de Curtin, Perth, Australia (1995). Completó su doctorado en la Universidad de Curtin (2005) siendo su principal supervisor el Dr. Peter O’Sullivan.

Durante sus estudios de doctorado Wim fue profesor en el prestigioso Master en Fisioterapia Musculoesquelética de la Curtin University of Technology, Perth, Australia.

Su investigación se ha centrado principalmente en la clasificación basada en los mecanismos del dolor lumbar crónico. Ha publicado varios artículos y presentado los resultados de su investigación en distintos congresos internacionales. También ha impartido docencia internacionalmente de muchos cursos clínicos sobre el tratamiento del dolor lumbar crónico.

Clasificación del dolor neuropático basada en patomecanismos

La complejidad del dolor neuropático ha invitado a idear diferentes subclasificaciones para entender mejor su evolución, hacer previsiones más acertadas de su pronóstico y, sobre todo, lograr una atención clínica con una especificidad óptima.

Schaffer y colaboradores nos aportan un algoritmo diagnóstico, basado en los mecanismos subyacentes al dolor neuropático, que haciendo un progresivo descarte de opciones nos acerca a la etiología del dolor en miembros inferior relacionado con la zona lumbar.

Las cuatro opciones que contempla dicha subclasificación son:

  • Dolor neuropático por sensibilización central
  • Dolor neuropático por denervación
  • Dolor neuropático por sensibilización periférica
  • Dolor referido musculo-esquelético

El algoritmo de razonamiento sugiere valorar en primera instancia la sensibilización central como origen del dolor neuropático. El uso de la LANSS Pain Scale (Bennett 2001) se presenta como una forma de intentar objetivar la presencia de la sensibilización central, cuando la puntuación en dicha escala supera la puntuación de 12 de 24.

A nivel clínico, diversos indicadores pueden conducir nuestro razonamiento hacia este estado relacionado con una hipersensibilidad sensorial (dolor espontáneo, disestesia, alodinia, hiperalgesia y dolor independiente del estímulo), destacando dentro de las características subjetivas:

  • Dolor extenso con distribución no-anatómica (dolor extendido a la palpación).
  • Dolor severo, constante, que dura más de lo esperado (alta irritabilidad y latencia).
  • Patrón de dolor impredecible, desproporcionado, no mecánico; alodinia
  • Presencia de factores psicosociales (catastrofismo, ansiedad, depresión, miedo-evitación, …).
  • Discapacidad funcional elevada.
  • Respuesta inconsistente a la mayoría de tratamientos.
  • Hipersensibilidad al frío y alteración de discriminación de dos puntos.
  • Dolores en espejo, fibromialgia,…

Una vez descartado el estado de sensibilización central, se valora la posibilidad de un dolor neuropático por denervación. En esta situación son característicos los síntomas negativos de pérdida motora o sensorial, de lo cual se deduce la importancia de la Exploración Neurológica.

Descartada la denervación como origen del dolor, el algoritmo nos plantea la posibilidad de un dolor neuropático por sensibilización periférica, en el que, y a diferencia de la situación anterior, una elevada mecanosensibilidad neural resulta un hallazgo de importancia. La función neurológica es normal, pero el estrés mecánico aplicado a la longitud del tronco nervioso provoca dolor

Cuando el dolor en la pierna relacionado con la zona lumbar no se relaciona con sensibilización central, denervación o sensibilización periférica, el algoritmo nos conduce al tejido músculo-esquelético como fuente del dolor.

Cabe destacar que, aunque esta subclasificación ha demostrado tener buena fiabilidad y validez, y capacidad predictiva para el tratamiento, diversos autores han mostrado reticencias a su aceptación.

¿qué mejor lugar para discutir al respecto que en este blog?

Schafer A, Hall T, Briffa K. Classification of low back-related leg pain–a proposed patho-mechanism-based approach. Man Ther 2009 Apr;14(2):222-230.

Schafer A, Hall T, Muller G, Briffa K. Outcomes differ between subgroups of patients with low back and leg pain following neural manual therapy: a prospective cohort study. Eur Spine J 2011 Mar;20(3):482-490.

Schafer A, Hall T, Luudtke K, Mallwitz J, Briffa NK. Author response. J Man Manip Ther 2009;17(4):e117-8.

Schafer A, Hall TM, Ludtke K, Mallwitz J, Briffa NK. Interrater reliability of a new classification system for patients with neural low back-related leg pain. J Man Manip Ther 2009;17(2):109-117.

Que no te vendan la moto (o el coche) con tanta foto

Paul Watson nos dejó en Alcalá de Henares un fabuloso ejemplo de como la metáfora puede vehiculizar las ideas para transmitirlas a nuestros pacientes

Imagina que quiero venderte un coche.

Cojo una fotografía que le hice en el garaje, y te la enseño.

Tú me dices que, pese al precio ridículo al que te lo ofrezco, no te interesa.

Y ahora te enseño otra foto de mayor calidad de la totalidad del coche.

Pero sigue sin convencerte.

Y te enseño 10 fotos más, a pleno detalle, desde varias perspectivas.

Pero sigues sin querer comprarme el coche…

porque lo que quieres no es ver fotos, es probarlo para ver si funciona.

Esto lo entendemos todos, luego ¿Por qué se sigue dando tanta importancias a hallazgos radiológicos (que por otro lado han demostrado su baja concordancia con la clínica del paciente) frente a la realidad del paciente en lo respectivo a su función?

Si un hombro sube y baja, puede cargar objetos, no duele, y te permite peinarte y abrocharte el sujetador,… ¿Pensáis que es necesario calentarse tanto la cabeza (y de paso a nuestro paciente) por un osteofito en la radiografía, o un pequeño cambio de densidad, o una reducción de esto u otro aquello?

Hablamos con Jenny Moix: psicología, fisioterapia y nuestros pacientes con dolor

Como recordaréis los asistentes, y si no así os lo cuento, durante el congreso de hace unos días contamos con la presencia de Jenny Moix, en la mesa dedicada a la psicología y el dolor.

Jenny Moix es licenciada y doctora en psicología, profesora titular de la Universidad Autónoma de Barcelona, y autora de los libros: Cara a cara con tu dolor, Manual del dolor y Felicidad Flexible, así como de numerosos artículos científicos de psicología.  Jenny también es colaboradora habitual del País Semanal. En su web podéis encontrar más información.

Tras transmitirle la idea, accedió a colaborar en nuestro blog resolviendo algunas dudas, que a continuación os presento en algo así como una entrevista:

Yo (Carlos López Cubas): Durante la anamnesis que los fisioterapeutas hacemos a nuestros pacientes, saber detectar los factores de riesgo psicosocial (las llamadas banderas amarillas) se plantea como una tarea de especial importancia. Al detectar algunos de estos factores, muchas veces nos planteamos si la intervención de un psicólogo podría ser oportuna. ¿Cuando crees que es así?

Jenny Moix:  Siempre. Déjame que matice. Todos podemos crecer como personas, todas las vidas son mejorables y la psicología es una potente herramienta que nos puede ayudar. Los pacientes que sufren dolor crónico cuanto más sanos se encuentren psicológicamente, mejor podrán afrontarlo y eso les puede ayudar a disminuirlo o incluso eliminarlo. Como soy consciente de que mi respuesta es utópica, también te podría contestar que los fisioterapeutas derivarais el paciente al psicólogo cuando los índices de ansiedad y depresión fueran altos. Es lo que normalmente se aconseja ya que estas dos emociones (la ansiedad y la depresión) suelen incrementar el dolor. Sin embargo, yo no lo aconsejaría. No lo haría porque lo que nos hemos de preguntar no es ¿Quién necesita acudir al psicólogo? Sino ¿Quién se puede beneficiar de él? Me refiero a que está claro que cuando los sentimientos negativos son elevados es necesario tratamiento, pero si el paciente no lo siente así no hay nada que hacer. Creo que los pacientes que se pueden beneficiar más son los que creen que la terapia psicológica les puede ayudar. Quizás lo que deberíais hacer los fisioterapeutas es explicarles que su dolor incrementa las emociones negativas y que eso provoca un incremento a su vez del dolor y que las técnicas psicológicas se han mostrado efectivas para romper este círculo vicioso. Y después de esta explicación preguntarles si les gustaría aprender esas herramientas psicológicas para disminuir su dolor. Su respuesta sería la clave.

Los fisioterapeutas estamos aprovechando los últimos avances en la neurociencia relacionada con los mecanismos del dolor, para aplicar lo que podríamos llamar neuropedagogía en nuestros pacientes con dolor crónico. Es una intervención educativa , nos convertimos en profesores, aunque hay quien piensa que nos estamos metiendo en terreno de psicólogos ¿Qué opinas? 

Opino que tenéis que hacerlo y que decir que os estáis metiendo en nuestro terreno es una chorrada inmensa (aunque quizás algunos de mis colegas no compartan mi opinión). Los humanos lo hemos troceado todo: la mente por un lado, el cuerpo por el otro. Son divisiones arbitrarias pero nos hemos creído que son reales. Vamos diciendo que al paciente se lo tiene que tratar de forma integral, pues debemos hacerlo. Es como si yo como psicóloga a un paciente mío tuviera que reprimirme de aconsejarle algo que veo claro (porque lo he leído en mil manuales) que tiene que cambiar de su postura porque no es mi campo ¿De verdad tengo que callarme?. No seamos ridículos poniendo tantas fronteras y protegiendo tanto nuestro territorio.

¿Qué es y qué aporta la terapia cognitiva conductual al tratamiento del paciente con dolor?

La terapia cognitivo-conductual es una terapia paquete. Esto es, incluye diferentes técnicas. Las enumero para que te hagas una idea:

  • Introducción a la terapia cognitivo-conductual
  • Respiración y relajación
  • Manejo de la atención
  • Reestructuración cognitiva
  • Solución de problemas
  • Manejo de las emociones y asertividad
  • Valores y establecimiento de objetivos
  • Organización del tiempo y actividades reforzantes
  • Ejercicio físico, higiene postural y del sueño, y prevención de recaídas

Bien ¿Y para cerrar?

Me gustaría añadir dos comentarios: el primero es que si os gustan los temas de psicología, en el facebook de mi libro voy colgando cositas, así que os invito a haceros seguidores.

También os quería comentar que el otro día en el congreso de fisioterapia, uno de los ponentes dijo que la fisioterapia es un gigante dormido. Estoy totalmente de acuerdo. Así que: DESPERTAD.

Placebo en niños

Los americanos venden pastillas placebo para niños.

Al parecer, en determinados casos son incluso más eficaces que en adultos.

Para suavizar la idea de dar medicamentos “sin medicamento”, los comercializan como suplementos dietéticos; son píldoras o jarabes que mimetizan, al menos a nivel organoléptico, a los preparados farmacológicos estándar, para convencer-engañar a los niños y que crean que están tomando algo.

De esta forma, su cerebro se hace cargo (recordad, condicionamiento y expectativas, la base del placebo; en este caso incluso los transmitidos por los padres), y el niño acaba sintiéndose mejor.

Los frentes más “eticos” y algunos expertos critican la idea.

Otros apoyan la medida, y defienden que sería incluso más útil si los padres, como administradores del producto, no conociesen la naturaleza inocua del “medicamento”.

El uso indiscriminado del placebo se presenta, y eso es ya una opinión personal, como una opción arriesgada.

Por un lado, adoptar estas medidas en situaciones clínicas fuera del control necesario, puede hacer que despreciemos la naturaleza del problema del niño. Puede hacernos pensar que esta pastilla “sin efectos secundarios” va a desencadenar siempre una respuesta sanadora, abandonando el uso de otros medicamentos necesarios, como pueda ser un antibiótico en un proceso de neumonía.

Por otro lado, algunos profesionales han mostrado su preocupación por el hecho de que dar a los niños “medicina” para cada dolor pueda fomentar la enseñanza de que toda enfermedad tiene cura en una pastilla. Los niños pueden crecer pensando que la única manera de conseguir mejoría es tomar una píldora. Si lo hacen, no aprenderán que una queja de menor importancia como un raspón en la rodilla o un resfriado puede mejorar por sí solo.

La función de la educación, de nuevo desde mi punto de vista, vuelve a resultar primordial en estos casos; buscar un equilibrio entre la información veraz acerca de la responsabilidad cerebral del dolor, y el aprovechamiento de estos circuitos neuronales moduladores mediante el ardid del placebo, resulta una tarea complicada, pero potencialmente provechosa.

Pese a la multitud de estudios relacionados con la eficacia del placebo en niños, y en lo respectivo al tema del dolor que nos ocupa, me temo que un aura de subjetividad sigue primando en la toma de decisiones clínicas.

¿qué opináis al respecto del placebo para abordar el dolor infantil?

Identificar los mecanismos del dolor a través de la clínica del paciente

En la práctica clínica, para identificar los mecanismos del dolor en curso en nuestro pacientes, debemos atender y entender varios aspectos.

Tanto en la anamnesis o examen subjetivo, como durante la exploración física, diferentes características que nos cuenta o presenta el paciente deben ayudarnos a reconocer el mecanismo que de forma preferente está detrás de esa particular expresión de dolor.

En un intento de reunir los indicadores clínicos que más comúnmente se atribuyen a cada tipo de dolor, encontré un artículo que ya había adelantado la faena, y con el rigor científico necesario para ser muy tenido en cuenta.

He preparado una infografía con la información clínicamente más relevante, en castellano, y aquí os la dejo junto a la referencia del artículo original.

Man Ther. 2010 Feb;15(1):80-7. Epub 2009 Aug 12.
Clinical indicators of ‘nociceptive’, ‘peripheral neuropathic’ and ‘central’ mechanisms of musculoskeletal pain. A Delphi survey of expert clinicians.
Smart KMBlake CStaines ADoody C.

Exactamente ¿Dónde te duele?

A menudo, arrastrados por el anhelo desesperado por encontrar la fuente de los problemas de nuestros pacientes, generalmente tras fracasos en tratamientos anteriores o en los casos más peliagudos, recurrimos a la búsqueda de la precisión somática como piedra angular de nuestro razonamiento.

Abogamos por términos como “dolor a punta de dedo”, y aplicamos nuestras capacidades bioscópicas para proyectar, a través de la piel, las diferentes porciones de la anatomía de nuestros pacientes. Incluso solapamos a estas proyecciones los mapas de zonas de Head, dermatomas, campos de inervación de nervios periféricos, y otras distribuciones cutáneas en las que quedan reflejados los malestares de los diferentes tejidos.

Con aquello de “exactamente, ¿dónde te duele?” intentamos hilar lo más fino posible, circunscribiendo a la mínima expresión la zona, confiando en minimizar las posibilidades de error…

… y claro, generalmente metemos la pata.

Muchas veces, el hecho de que hayan fracasado los tratamientos anteriores, o de que no todas las piezas encajen a la hora de ajustar la clínica a la teoría, se relaciona con circunstancias algo alejadas del tejido que se haya bajo la “punta de dedo”.

La concreción anatómica en la palpación pierde su valor cuando el Sistema Nervioso Central se encabezona en seguir proyectando por ahí, sin justificación ni necesidad aparente, el dolor.

Una médula sensibilizada, que amplifica los estímulos procedentes de la periferia, o un cerebro aterrorizado por las experiencias nociceptivas anteriores, que desencadena percepciones de dolor tal como las memorizó en su momento, provocan experiencias de dolor que la persona localiza en su cuerpo. Y es así, sencillamente, porque la somatotopía, la capacidad del Sistema Nervioso de representar, cual mapa, la anatomía, así lo sugiere.

Siendo capaces, como clínicos, de advertir esta situación, tan frecuente en casos como, por ejemplo, la fibromialgia, debemos reconocer la futilidad de palpar los trozos de nuestro paciente con los ojos cerrados e infinita concentración. Más que nada porque la fuente no está ahí, y lo único que podemos hacer es marear la perdiz; y con ello me refiero a confundir la ya distorsionada neuromatriz que construye el dolor de nuestro paciente.

Y es con ello que invito a reflexionar acerca de aquello de los “tender points” diagnósticos en la fibromialgia…

 

Imagen: Daniel Higiénico. La rebelión de los niños con problemas emocionales.