Qué les duele a los algólogos


 

Cuando yo era niña pensaba que los médicos nunca enfermaban, ya que debían tener en aquel maletín negro que llevaban a su trabajo, toda suerte de remedios para procurar su propia inmortalidad.

No sé en el momento me di cuenta, que aquella creencia era sencillamente una simplificación infantil. La inmortalidad no existía, y todos, incluso los médicos enfermaban y morían.

Al crecer y convertirme en una galeno, yo misma, me llamó la atención que algunas de las enfermedades que atacaban a mis colegas, curiosamente, muchas tenían que ver con la especialidad que desarrollaban.

Entre las enfermedades de médicos, y por mi especialidad, me sorprendió que uno de los padres de la moderna algología, el anestesiólogo John Bonica (1), 1917-1994, sufriera terriblemente de un incontrolable dolor crónico. Padeció durante muchos años, de un dolor articular, que le llevó a numerosas operaciones de columna, hombro, cadera y otras.  Falleció con aquellos dolores, sin  poder llegar a doblegarlos. Afortunadamente, este problema no le impidió llevar una vida activa, investigando y trabajando por la lucha del dolor crónico, en público y en privado, hasta su muerte.

Sólo recientemente, en el II Congreso Internacional de Fisioterapia y Dolor, en Alcalá, el prestigioso profesor Paul J Watson, dedicado a la investigación y clínica del dolor con especial interés en dolor  crónico musculoesquelético, comentaba que él mismo padecía de una crónica cervicalgia y que su mujer le aconsejaba no comentárselo a sus pacientes.

Recientemente Lorimer Moseley en su entrada en el blog Body in Mind (2)  escribe sobre un dolor en uno de sus hombros, que lo lleva atormentando desde diciembre 2011. Según deja entrever, su dolor tiene un componente nociceptivo importante, a la luz de las pruebas diagnósticas de imagen realizadas. Sin embargo, más de tres meses han pasado desde su comienzo y el dolor, según cuenta su autor, no hace más que empeorar, sin mejoría con los tratamientos realizados, que imagino han debido ser apropiados, contundentes y casi seguro de manos de estupendos terapeutas.

“Casualidades” como éstas no pueden por menos que despertar mi curiosidad; planteandome varias cuestiones:

¿Son simples casualidades o existe un componente de empatía, a veces tan grande entre el terapeuta y sus pacientes, que los síntomas de ellos aparecen en el profesional? Veamos que hay en la literatura.

Mucho se ha escrito sobre la empatía y las neuronas espejo (3). La mayoría de la literatura está enfocada a investigaciones sobre el autismo, pero hay un interesante artículo en la revista Pain de 2010 (4), en el que analiza las sensaciones que experimentan sujetos sanos cuando ven imágenes y videos de lesiones físicas en otras personas. Un tercio de los participantes en el estudio presentan no sólo afectación emocional sino dolor físico a la visualización. De entre ese tercio, es escogido un grupo de 10 y otro control de individuos sanos sin respuesta dolorosa a las imágenes y se les somete a pruebas de RMN para analizar qué áreas se encuentran implicadas. En el grupo de sujetos que experimentan dolor se observó una activación de toda la “Pain Matrix”, áreas emocionales y somatosensoriales; mientras que en el grupo control sólo se activaron las áreas emocionales. También se observó que el grupo de respondedores, presentaban una mayor respuesta emocional a todas las imágenes. Este experimento aporta evidencia de que una significante minoria de la población sana es capaz de empatizar no solo con las emociones de los que sufren sino también sentir el dolor ajeno.

Estudios como éste, podrían justificar el dolor en el terapeuta que trata a pacientes con dolor crónico. ¿Pudiera ser que incluso, debido a exposiciones repetidas y por determinadas características del terapeuta, dichos  dolores llegaran para quedarse o cronificarse?  Me atrevo a formular esta hipótesis: “Aquellos algólogos con un elevado grado de empatizacion con sus pacientes, ¿están a riesgo de padecer dolor crónico por su profesión? y si la respuesta es afirmativa, ¿cómo se podría prevenir o minimizar ese riesgo?”

Por otra parte, más allá del hecho de que los clínicos del dolor, presenten a su vez dolores crónicos, parece pertinente preguntarse ¿Por qué, si tienen las soluciones, en su “maletín de la salud eterna” no pueden deshacerse de su propio dolor?

Se me ocurren dos respuestas:

  1. Algo tan vulgar pero a la vez común como: “En casa de herrero, cuchara de palo”, o
  2. Que a pesar de todo lo que hemos avanzado y estamos avanzando en la investigación de la neurobiología, comportamiento, psicología y tratamiento del dolor , ¿todavía faltan piezas claves para resolver satisfactoriamente el problema del tratamiento del dolor?

Grandes progresos se han hecho en el conocimiento de los mecanismos neurobiológicos  y por ende en el tratamiento del dolor crónico, sin embargo a la luz de estos ejemplos, los resultados en el tratamiento del dolor crónico, siguen siendo insuficientes. Sin embargo este hecho no puede más que estimularnos en el cuestionamiento de los abordajes utilizados para tratar el dolor, y mantenernos curiosos, inquisitivos y alertas, tomando notas, estudiando, relacionando hechos, compartiendo y departiendo multidisciplinariamente, cual investigadores de siglos preteritos, no como meros operadores; ya que muchas de las respuestas a los grandes sindromes dolorosos todavía están por venir.

(1) Biografía de J. Bonica en el obituario de la IASP

(2) Windows into pain by Lorimer Moseley

(3) Mirror neurones TEDIndia Nov 2009 V Ramachandran Video

(4) Osborn J, Derbyshire SW. Pain sensation evoked by observing injury in others. Pain. 2010 Feb;148(2):268-74 

M Teresa Leiva Nicolás.

Médico anestesiólogo, adjunto del Servicio de Anestesia, Hospital Torrecárdenas de Almería. Master en Acupuntura.

Especial dedicación a tratamiento del dolor con terapia integral.

  1. Arturo Goicoechea lo tiene hoy en bandeja para contarnos como, curiosamente, los neurólogos sufren más migrañas que el resto de la población y que, además, va por países. Ahora no encuentro la entrada, pero se ha comentado varias veces en su blog arturogoicoechea.wordpress.com

  2. Gracias Carlos, por el apunte, lo buscaré. ¿Cuál es la explicación neurobiologica subyacente? ¿Se puede prevenir?

  3. Gracias Cristina. Muy interesantes las entradas de Arturo sobre las migrañas de los neurólogos. Si como dice Arturo las migrañas aparecen en los neurólogos, después de comenzar su profesión, una buena hipótesis de comienzo sería que en el Terapeuta, las neuronas espejo, responsables de la empatía, por exposición repetida o sensibilizaciones reiteradas en su corteza somatosensorial, desarrollan la patología de sus pacientes. También sería interesante analizar qué terapeutas no lo desarrollan y en qué radica su “inmunidad”. Por otra parte también parece evidente que no tenemos muy buenos métodos terapéuticos para tratar el dolor, si ni siquiera nosotros mismos podemos deshacernos del nuestro.

  4. Os cuento lo que me sucedió hace un tiempo a mi (Jorge, fisioterapeuta).
    Piscina, con amigos (uno de ellos se casaba), haciendo esas cosas de hombres festejando…burradas, intenté levantar a mis dos amigos sobre mis hombros, y este gesto me supuso un maravilloso, fino, y punzante dolor en mi zona lumbar, más concretamente en el territorio que mi cerebro interpreta como L5-S1, hasta aquí todo bien, lo normal.
    Lo que me resulto curioso es como parecía querer interpretar mi cerebro ese episodio, por esa época estaba inmerso en el estudio del Control Motor, por lo que sin mi consentimiento, mis pensamientos se encaminaban hacía una bonita inestabilidad lumbar con afectación de Multífidus, si o si. Este estudio del Control MOtor lo estaba compaginando con la lectura asidua del Blog de Arturo, así que no paraba de intentar tranquilizar a mi cerebro a base de pequeñas demostraciones funcionales (muy controladas) para hacerme ver que no había ocurrido nada más que un episodio aislado de abuso mecánico, que, esperando unos dias se resolvería por si sólo.
    Ganó, la paciencia y la calma.

    Con este minirelato (que confieso me apetecía contar) sólo quería exponer que a mi entender la información (lo que uno sabe) y como esta se maneja es fundamental a la hora de cronificar un problema, en el caso de esta entrada, el cómo los profesionales que trabajamos con pacientes, interpretamos para nosotros mismos, toda la información que manejamos.

    Un saludo.

  5. Lo que parece es que ni son los hábitos alimenticios, ni es la genética (a no ser que ciertos humanos se sientan impulsados genéticamente a estudiar neurología, que va a ser que no…). En ese caso que cuenta Arturo Goicoechea, debe ser la información. De que disponen y de la que se rodean. Y si acaso, como la gestionan. Y poco más.

    La cuestión es si hay una prevalencia distinta, en función de las profesiones (sanitarias). No lo conozco, y creo que no lo ha estudiado nadie. Pero ahora mismo te puedo decir, de memoria, de cada fisio que conozco (de manera personal) qué le duele, porque todos y cada uno, sufrimos algún dolor “musculo-esquelético” característico, incluído un servidor, que es un orgulloso coleccionista de dolores “raros” desde la más tierna infancia. Pero cada uno el nuestro. No hay un patrón. Quizá tenga relación con la cantidad de patologías que vemos (los neurólogos me temo que tienen un abanico menos extenso a su alcance). Es más. Que levante la mano el fisio que no tenga, como mínimo una vez al mes, alguna “molestia”. Achaques del trabajo, claro…

    Lo dicho. Información y gestión de la misma. Si encontráis a alguno inmune, avisad.

  6. Ya que la gente se ha abierto, y nos da muestra por este hilo de sus sentimientos más profundos (reconozco, como Jorge, que eso de que nos dejen divagar por aquí es un lujo), dejaré mi aporte, o más bien os remitiré al mismo, sobre el tema:

    http://osteonfisioterapia.blogspot.com.es/search?q=rodilla+virtual&max-results=20&by-date=true

    Así en resumen, mi opinión al respecto en base a lo que sé y lo experimentado “en mis carnes”

    Es útil saber por qué nos duele lo que nos duele, pero ello no nos protege cual escudo del potencial de nuestro cerebro a la hora de asustarnos.

    Lo comparo con algo frecuente que ocurre con los hijos de maestros y pedagogos, que muchas veces son los trastos más rebotados de la clase (transmito opinión de varios conocidos en dicha situación), muy posiblemente porque pese al (o debido al) potencial educador de sus padres, estas lindas criaturas generan recursos para superarlos que a otros niños ni se les ocurriría.

    A mi, personalmente, me ha servido mucho “dialogar” con mi cerebro, pero como queda claro que “él es mucho más inteligente que yo”, generalmente me ha ganado la partida, y no se ha cortado en enviarme bonitas experiencias de dolor en mi rodilla cuando ha pensado conveniente protegerme, ni cuando ha estado alarmado y superado por la mala vida que le doy (al cerebro y a la rodilla por igual)

  7. Neuronas espejo alimentándose del reflejo de mis pacientes; herencia familiar (fibromialgia, espondilolistesis y no digo más porque me toca recitar la patología de Harrison); abusos y achaques del trabajo… Causales hay muchas, pero lo que es cierto es que hoy, después de muchas semanas aplazándolo, por fin tuve mi primera cita con una fisioterapeuta aquí en Almuñécar. No saben que bien me siento, después de 17 años como profesional, haber ido a que me atienda mi dolor alguien más que no sea yo misma. Espero no reflejarme en las neuronas espejo de mi fisioterapeuta, ¡no sea que quiera pedir cita conmigo y nos estemos reflejando hasta el final de nuestras vidas profesionales!😀 Interesante entrada Dra Leiva.

    Elisa Valencia @fisiomasaje

  8. Doctora Leiva: la inmunidad o el “contagio” reside en sus credos, en sus creencias, si los neurólogos que se especializan en tratar la migraña se creen todo lo que predican, lo extraño es que no la padezcan. El sol, el viento, el chocolate, el queso, los frutos secos, el vino, lo hormonal, los genes, el estrés… es difícil escapar a alguno de estos “desencadenantes” oficiales de migraña hoy en día, por tanto, se exponen a lo que aconsejan a sus pacientes evitar… Si se parte de la hipótesis de que la migraña es un dolor irracional que se activa por un error de evaluación cerebral, por ejemplo, valorar peligro para la integridad física de la cabeza en el sol, está claro que los que crean en que el sol por sí mismo puede desencadenar un dolor de cabeza tendrán más boletos para padecerlo y si, además, ven en la consulta a montones de pacientes que entran con gafas de sol y visera diciendo que el sol les afecta…

    Arturo Goicoechea lo explica mucho mejor por supuesto, yo sólo soy una de sus expacientes y no de migraña, sino de dolor músculo-esquelético crónico y generalizado, aunque también me libré del dolor de cabeza irracional por el viento Sur o tras un disgusto o durante el síndrome premenstrual gracias a la información que él transmite y que ayuda a desterrar muchas falsas creencias sobre la supuesta vulnerabilidad del organismo ante agentes tan inofensivos como el sol, el viento, los cacahuetes o la humedad.

    Pero estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, los métodos terapéuticos “oficiales” para tratar el dolor, especialmente el que no está asociado a daño relevante, no son nada buenos, el aumento de síndromes sin explicación médica y sin tratamiento eficaz es cada vez mayor, y que no suscite apenas interés esa incidencia tan elevada de migraña entre los neurólogos tampoco es buena señal. Si sufrieran más cáncer los patólogos sería otro cantar…

    La pedagogía del dolor, en la línea de lo que comenta Carlos López Cubas, no nos protege del dolor con total garantía pero nos posibilita cambiar las creencias sobre vulnerabilidad del aparato locomotor e ir perdiendo poco a poco el miedo al movimiento y recuperar la vida “normal”. También ante episodios de dolores intensos y aparentemente “inexplicables”, saber que el cerebro anda detrás cambia radicalmente el modo de afrontamiento. Mi vida se paralizó por completo y he conseguido ponerla en marcha de nuevo gracias a la información sobre el cerebro como gestor del dolor.

    Disculpar la intromisión. Aprovecho para agradeceros a todos la información que ponéis a disposición de los pacientes a través del blog.

    Un saludo.

  9. Gracias a ti por participar, y por demostrar que los pacientes están más que capacitados para entender de lo que hablamos😉

  10. Muchas gracias Cristina por tu aportación. Parece que los humanos sentimos, física y/o emocionalmente, aquello con lo que empatizamos, como se ve en el estudio. Me pregunto, por qué algunas personas, terapeutas, se pueden deshacer de esos “sufrimientos” espejo y por qué otros se quedan con ellos y los replican, a veces, como coleccionándolos. No he encontrado artículos en los que analicen este hecho. Una posibilidad sería que la creencia de que lo que “ataca” al paciente para desencadenar el dolor, también ataca al terapeuta; en tu ejemplo lo mencionas como el viento, el calor, el queso… Otra razón podría ser que algunos de los terapeutas tienen una “negligencia” en su propia representación corporal y debido a ello, la repetición de representaciones doloridas de pacientes, es la que ocupa la percepción en los cerebros de los terapeutas. Se me ocurren algunas más en las que existirían fallos en las vías de modulación interna, relacionadas con el sistema inmune, eje corticosuprarrenal, estrés y algunas más.
    Otro punto importante, que subrayas, es que más esfuerzos debemos hacer todos por extender los conocimientos que se tienen sobre el dolor, ya que entender lo que ocurre en nuestros cuerpos alivia una parte importante del dolor.
    Como vemos, no todo dolor crónico se cura con un único método. De momento parece que el abordaje multimodal es el que aporta mejores resultados: educación/cognición, hábitos higiénico dietéticos, farmacopea, técnicas manipulativas, conductuales, psicológicas, perceptivas-sensoriales… Seguiremos de cerca los avances exponenciales en el tratamiento del dolor y trataremos de aplicarlos a todos los padecientes, empezando por nosotros mismos, predicando con el ejemplo o quizá con nuestro espejo.

  11. Yo también voy a dejar mi humilde experiencia personal como fisioterapeuta.
    Estando en primero de carrera me lesioné la rodilla con una patología aún por diagnosticar definitivamente. No se observaba en ninguna prueba ningún fallo tisular.
    Así las cosas, me recuperé y me olvidé por mucho tiempo del problema. Lo curioso es que muchos años después abrí mi propia consulta, y desde entonces cada vez que trato a algún paciente con problemas en la rodilla o hablo de ella (como ahora mismo) siento molestias en MI rodilla. Ya no me limita como al comienzo, pues lo ignoro sabiendo que todo está en mi cerebro, pero resulta extremadamente curioso como sigo sintiendo las mismas molestias cada vez.

    En base a esto (que a mí también me apetecía contar, como a Jorge), yo también creo que es muy importante el cómo manejemos la información y las experiencias previas a la hora de desarrollar esas dolencias como terapeutas.

  12. Hola! yo soy nueva en el blog, solo quería expresar mi agrado antes este tipo de cosas. Soy estudiante de 3º grado de fisioterapia. Y me motiva mucho conocer estos aspectos sobre el dolor porque me he dado cuenta de que día a día es lo que predomina. En todo tipo de personas. Me inquieta saber más cosas sore este tema de los aspectos psicológicos, sociales…etc del dolor.
    Por ello, quería pedir que sigais escribiendo que me parece estupenda esta página.

    Enhorabuena.

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